Musa Callada



Tu eres un renglón en el verso del poeta,
una lluvia inagotable de tinta en su pluma,
un mar de dualidades permanentes,
mártir de un sueño ardiente,
luz de lente
captada en elegante
desnuda en un instante,
eres lagrima en el ojo del genio que escribe,
sonrisa en los días felices,
grito en el pico de una alondra
donde te sugieren rama tallada de esperanza
que se vierte en un bosquejo inerte
donde golpea el cincel permanente
para labrar tus suspiros sumisamente.

Eres un trazo de carbón
expresando su pasión,
la dulce caricia
que se descuelga tras el pincel
y se empapa permanente
en los lienzos de la mente.

Eres, la musa callada
explayada en otras mentes,
te quitaron la libertad
artistas de mala muerte,
creadores de sueños
quisieron en su belleza verte,
mas en tus labios
jamás te pusieron
el don de la expresión,
ni en tus ojos
reflejaron tus antojos,
ataron tus manos
retorcieron tu cuerpo
y dejaron tu decir,
completamente desierto.


Tu eres la que juega
por las calles
del limbo de la imaginación,
la dueña y señora de la inspiración,
Náyade que da sentido al alma
quimera de los vientos
que eyaculan mil sentimientos,
eres tu propia libertad
la que todos te quieren enajenar.

El Otro Sexo.



Mujer, tú resto
un gesto ceñido
a tu principio,
privado voladizo
para alcanzar el deseo.


Custodio tus desvelos
sobreviviendo a tus gestos obscenos
que descubren los laberintos
por los que consigues elevarme a tus cielos.


Disgrego el tiempo,
rompo el trance,
te traigo a mi alcance,
en beso de relámpago
que desnuda tus campos
entre sofocos y colapsos
retículos de gemidos
que se ahogan consumidos.

Te siento mujer
invadiendo todo mi ser,
extravagante viento que me seduce
y al desnudo sur de tú cuerpo me conduce
para posar un beso tenazmente
donde tu sexo empozado y latente
mana su dulce torrente
en mi asilo permanente.

Te siento mujer,
dominio imperfecto
que me buscas a su incesto,
gravedad perdida
sobre mi cuerpo exigida,
tiembla tu verbo
endulzando mi sexo,
deshoja mi mano
tu pelo moreno
mientras camino
al placer clandestino
que me derrama en tu seno.

Aprecio el silencio
que camufla la calma
y la hace larga caricias profana
esperando la merced de tu riesgo.


Tiemblas, en mi vientre,
mujer decidida y valiente
sobre mí, alzada y seductora,
tu ritmo me devora,
palpo tus glúteos calientes
empujandote en socorros inminentes
y en el hilo de una embestida
olas de miel blanca vienen surtidas,
manantial de placer
en tu gozo de mujer.

Y ceñido a tus principios
me dormí en el pozo de tus inciertos,
escuchando la música de aquel concierto
del que quizás...  todavía no he vuelto.


La imagen es: Peter Erber