Te Invento



En esta noche que me invento,
procuro que brille la luna
suelto tus cabellos al viento,
despeinada, eres diosa divina,
de tu cuello se cuelga mi gana
y se cuela entre los botones de tu camisa,
así, uno a uno los desabrocho deprisa,
me invento la sonrisa picara
que recuerdo en el esbozo de tu cara,
mientras fumas la yerba del olvido
te hago a pluma el bosquejo de tu desnudo,
deshago de mi corbata su nudo
y mientras contemplo tu privado,
me invento una caricia obscena
desde tu nalga, al centro de  tu entre pierna
y a golpe de gemido por ti exhalado
mi mano siente tu sexo mojado,
húmedo derroche de pecado
que me pone locamente excitado,
mis ojos inventan tus ojos,
sedientos de placeres lujuriosos,
cristalinos reflejos encendidos
que en mi cuerpo ponen besos atrevidos,
me invento tu sexo en mi vientre
y ese sentirte caliente,
tu mano arañando mi pecho,
te invento retorcida en tu subida
y desesperada en tu bajada,
mientras tus muslos
me aprietan desnudos
te siento entregada.

Te invento en mi placer embarcada
danzando en el deseo de la alborada,
a la luz de esa luna inventada
que tu erizada piel mantiene iluminada.

Te invento
en cada momento,
en este momento,
allí, adentro,

te invento, te invento…

Derrota





Por el cuerpo corre
el azúcar agrio
disuelto y soluble
de un presagio,
cansados se desvisten
los sueño, uno tras otro
y desnudos al unísono
incesantes me insisten,
no lo dudes poeta,
no aceptes la derrota.

    Y yo busco la armonía
      que seduce mi fantasía.

Magnolias Clandestinas.



Aún tengo la esperanza
de morar en tus pupilas,
donde crecen las magnolias
en clandestina pereza.

Recuerdo que solías
abrir los brazos y girar inclinada
como un avecilla loca ilusionada,
de las manos me cogías
y hacia ti me arrastrabas,
a menudo eran coqueteos
de niña mal criada,
pero tus risas
se convertían
en locuras apasionadas.

Entre la luna y las estrellas que a ti y a mí nos adivinaban
y entre las noches de sombras llenos de amor nos dibujaban

Ya no eras niña ni ave ilusionada,
confundida tras la locura
una mujer pasional se alzaba,
atrevida tu cuerpo me buscaba,
a celo ungido y rasgado
yo un hombre entregado,
tu mujer ardiendo en privado,
el tiempo y la juventud educo
a dos amantes apasionados,
dos cuerpos de luz entregados.

Y entre la luna y las estrellas la vida dejo de ser doncella
y dejo despuntar del amanecer de las auroras más bellas.


El tiempo se perdió
o se lo llevaron los años
y la verdad se queda dormida
sin encontrar la salida
en el horizonte de los desengaños,
atrapados en la vida
buscamos la salida,
entre los peldaños
que más nos hacen daño,
los impulsos de amor
ya no son blancos
ni encuentran su color,
pero quiero que brillen en tus retinas
las más felices magnolias clandestinas.


Imagen: autor desconocido.

Vibrar.



Ella estaba delante, mirándolo, pero con la cabeza un poco reclinada hacia abajo, él se acercó y con su mano derecha en suave caricia alzo su rostro para ver sus profundos ojos negros al tiempo que clavaba  sus pupilas en ellos y sostenía la mirada el tiempo suficiente para que en ella se desligara el deseo de fundirse en sus labios, él se acercó rompiendo el tiempo entre las mirada, mientas, ella sintió el contacto de sus muslos al acercarse y como él se reclinaba sobre ella estrechando al máximo la distancia, sus frentes casi pegadas conseguían agitar los alientos de sus bocas y con un dudativo gesto se lanzaron en un mínimo roce de sus labios, fue entonces cuando lo rodeo con sus brazos colgándose de sus cuello, aferrándose a él en un devorador beso, que acelero su sangre hasta límites insospechados, todo era deseo y pasión entre sus cuerpos y el calor se desbordaba bajo sus ropas y se alimentaba con los anhelos que se desenfrenaban en la tormenta de su almas.
Las manos se deslizaban subiendo y bajando tan rápidas y nerviosas como las ganas por liberarse de sus ropas, para sentir el taco de sus pieles ardientes, el deseo era ya casi irrefrenable y el esfuerzo por separar sus labios en constante guerra lujuriosa fue colosal, pero se separaron con las miradas ansiosas de villano deseo, a la vez que liberaban sus cuerpos de las fronteras impuestas por sus ropas al deseo.
Ya desnudos, él la cogió en brazos y sintió el calor de su piel al pegarla a su cuerpo, mientras la trasladaba para dejarla suavemente sobre la cama, donde quedó tendida debajo de su cuerpo, fue entonces cuando el tiempo se paro y del silencio brotaban los jadeos de las respiraciones aceleradas.
Los instintos en vilo, proponían miradas incendiadas a la vez que se calentaban al tacto las morfologías de los cuerpos pegados al unísono.

Puso el dedo de su mano, sin dejar de mirarla sobre su cuello e inicio un recorrido a tempo hacia sus pechos, ella siguió el juego con su mirada, con la fiebre del deseo en sus labios, los gestos de su cara detonaban urgencia, sintió un tenue estremecimiento al sentir una caricia que oprimía sus pechos y los lanzaba a la turgencia que erizo su piel y ganas, a las que el correspondió con una nueva oleada de besos sobre sus labios, mientras sus cuerpos giraban abrazados, hasta que ella quedo encima de él y atrapando sus manos cada una a ambos  lados con las suyas, tomo las riendas del juego y con la crueldad de una diosa omnipotente lo torturo una y otra vez entre sus caderas, mientras sentía como su cuerpo se tensaba escapando hasta el gozo y juntos se lanzaron a vibrar en la noche del placer.  

Escondidos.



Entre líneas presumían las razones
esperando su lectura
y saltaban por los aires
los intentos de locura
y bajo la caricia de la mirada
se escondían las intenciones
a la derecha y sin confusiones
de una mayúscula degenerada.

Furia levantaba a la izquierda
una exclamación
que directa al corazón,
se disfrazaba en cerrada admiración,
crecía la locura,
prisionera de los talismanes de cordura
que vestidos con guerrera armadura
a espada de tinta indeleble
se abrían camino contundente
en pos de la conquista de su mente.

Ella aprendió a pintar,
se convirtió en espacio,
luego  escribió,
haciéndose tiempo
y entre cúmulos de nubes
escondió su tormento,
ahora llueven gotas
que lloran de sentimientos.


"A Maduixeta" (Encuentro Literario)



"Dicen que cuando el amor corre por las venas, los sentimientos se encadenan para fundirse en el alma y una vez que el amor vuela, la fusión permanecerá como un volcán alimentado por el fuego del recuerdo y solo se extinguirá cuando el tiempo enfríe el alma".

Recuerdo la brisa de tu cara en la mañana, el horizonte en tus ojos, el terciopelo de tu piel, la sonrisa penetrante de tus labios, las caricias que mimaban mis días, tus dedos que retorcían mis mejillas, tus blancos dientes nacarados, tu boca que bebía de mis dulces labios...

Recuerdo el sonido de tus pestañas cuando cerrabas los ojos, el caminar de tus pasos entrelazados a los míos, las huellas que dejábamos atrás de nuestras sombras, las esquinas que apartábamos tras nuestras miradas, el silencio de las noches en las calles plateadas...

Volveré a mirar tus ojos apasionados, a cogerme de tu mano en las tardes de lluvia y a susurrarte palabras de amor, mientras pongo caricias en tu piel que destierren la melancolía y llenen cada uno de tus días de felicidad y armonía...

Volveré a sembrarme en tu corazón iluminando tu poesía, donde naceré uno y otro día con la fuerza de un sol radiante que ilumine tu camino mientras tu corazón siga latiendo bucólico y platónico por este amor que tanto añoras...


Cierra lentamente los ojos
y recibe con deseo mis labios
que te entrego el recuerdo de los besos
que te harán sentir y despertar
de nuevo el sueño que no puedes olvidar.

Y ya no me duele el corazón,
y mis suspiros encuentran tus besos,
y tus manos se refugian en mi cuerpo,
ya no me pesa la agonía en tu ausencia,
te tengo en la almohada de mis sueños.

Quizás esto solo sea un sueño mi amor,
que nunca debimos dejar de soñar
y ahora que mis labios sienten tu ardor
en tus sueños nunca me dejes de amar
que yo con mis besos te haré suspirar.

Tus besos quedarán en mi boca,
los que dibujaste en mi piel,
los que siempre imaginé,
los que con tantas ansias deseé,
los que tanto anhelé y abracé,
yo siempre los guardaré.

Y allí estaré yo
en tu cobijo
entre tus latidos
colgado en un hilo de esperanza
que te haga florecer
con el más dulce beso de amor.

Y ya no lloraré, ni sufriré,
ni anhelaré, ni recodaré,
porque siempre permanecerás,
allá en el paraíso de mi alba,
en lo más profundo de mi ser,
abrazadito en las entrañas de mi alma.

"Homenaje dedicado, con cariño de sus amigos, Agapxis y María, para nuestra querida amiga, Maduixeta, la fresa más dulce, generosa y amable de las frutas que, puestas en la boca, deja sensaciones excitantes y seductoras en el paladar, con el sabor fresco de su recuerdo, por lo que, nunca se puede dejar de saborear un beso de Maduixeta soñadora. Te queremos".