Realidad.





La realidad,
esa estampida que me sacude
de salvedad.

El poeta hace su barricada en el silencio,
el hombre no entiende de mística
y yo en medio
haciendo piruetas de amor.

Nunca dudes de mi valentía,
si, tu,
la más valiente sombra que dobla la esquina,
esa mascara que arremete mi convicción
y oculta
los ojos tibios que miran al amor,
estos ojos,
cúmulos de talión,
esquirlas hipócritas que voltean
entre diplomas de desespero
y adventicios pactos de rutina.

A veces juego con ella
le cuento mis mentiras,
le obligo a soñar,
indeleble y aséptica,
se revela
ante el oleaje del poeta
que con sigilo se desnuda de hombre
en las largas noches desiertas
donde riguroso cuento las estrella
que a coro cantan a la luna
canciones de derrota inoportunas
y entonces aparece este yo racional
tan maldito
y altanero,
pero también salvador,
para luchar como gladiador
en el teatro del amor.

Y así,
me sacude esa estampida
de estúpida salvedad
que hace improbada
la cruel realidad.