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Aire.



Hubo un instante
en que te aferrabas al aire.

Sentí la urgencia
de mirar entre tus muros
y reivindicarme
en la fragilidad de tu deseo…
pusiste tus manos en mi cabeza
y me empujaste
a tu mundo ilimitado.

Recuerdo el manjar de tus labios
como un azúcar goloso
esperando
para ser devorado,
mi aliento
quemándose en la piel de tu fruta,
palpitando
ante la caricia enardecida
de mi papila encendida.

Tu voz sonó
en el desierto de los jadeos
donde se consumían
mil impulsos contenidos,
sentí tu velocidad
apretando mi nuca
invitándome
a ser generoso con tu ansiedad.

Paseé por el borde de tu intimidad
con mi lengua ensalivada,
dispuesto
a conocer tu madrugada,
a saber
donde se inunda tu textura,
a embriagarme de los aromas
de tu jardín interior.

En tu convulsión,
sentí tu corazón
arder en la combustión
de un horizonte de deseo
y en el secreto de un misterio infinito
mi hombría
creció en la excitación
de una esperanza húmeda
que me enajenaba sin fatiga
a conseguir
derramar el manantial de tu vida.

El reloj se desbordo
en un temblor canalla
que te puso un grito de agonía
entre los labios
y mientras te retorcías
reflejos sentía,
claros de luna
y pétalos blancos
en tus ojos crecían.

sé que el aire al que te aferrabas…
se consumía.